Treinta y cinco años después, se abre otra etapa. ¿Qué pasará en el
fútbol argentino? ¿Quién asumirá por Julio Grondona? Está claro que se
va el hombre de mayor peso, el que llevó adelante un ciclo personalista.
Acompañado y rodeado por distintos personajes que lo respaldaban en
estos años, como ahora era el caso de Segura -a cargo por ahora-, como
fue el caso de Meiszner o Alejandro Marón, como sus hijos Julito y
Humberto que completaban la dinastía de los Grondona, pero siempre él
tomando las decisiones fuertes, las que definían rumbos.
Grondona
siempre dejaba hacer hasta donde a él le parecía. Era el único capitán
del barco, sin subcapitán claro. Administraba y repartía el poder detrás
suyo, incluso distribuyendo cargos en FIFA. Más allá de lo que se
hablara en Comité Ejecutivo, su opinión valía más que la sumatoria del
resto.
Independientemente del nombre propio que sea designado
como sucesor, está claro que queda atrás el ciclo de un caudillo, de un
tipo personalista con mucho poder en FIFA, nada menos, con nombre propio
de peso y reconocido en el mundo. Y, como suele suceder, cuando se va
un líder al que casi nadie podía oponérsele, sea positivo o negativo, el
reemplazo será en equipo. Sin sucesor cantado y con unanimidad, en lo
inmediato las decisiones serán más colectivas y discutidas, hasta que el
tiempo encamine a alguno. Entre todos tienen definiciones pesadas por
delante. También lo que a esta hora quedó en un segundo plano y
rápidamente volverá al primero: quién será el DT de la Selección.